Volviendo en sí

"Me parece que sos alguien desconocido que me dan muchas ganas de conocer", dijo Alicia al conejo cuando lo vio a través del orificio que lleva hacia el país de las maravillas. Alicia ya era una mujer y tenía años de no aparecerse por aquellos caminos, pero esta vez el conejo la llamaba constantemente en sueños y ella recordó el camino hacia él.

El conejo le dijo: "querida, Alicia, no soy alguien desconocido, tenemos muchas vidas de conocernos y esta vez te estuve llamando porque te necesito, pero parece que tu mente adulta no ha querido escucharme".

Después de conversar largo rato, caminaron tomados de las manos hacia un lugar que Alicia no recordaba. El conejo le explicó que tenía años construyendo una casa para una coneja como él, que ame las locuras que ahí se viven y el campo: es una casa de adobe, frente a un lago, en medio del bosque.

La causa por la que buscaba a Alicia es porque ese espacio no es el mismo sin ella y quería decírselo. Ellos, los habitantes del país de las maravillas, saben que ella anda como perdida en su hogar. Querían decirle que ese lugar es su casa y podía quedarse con ellos, pues si seguía tratando de mantener la cordura, entonces puede llegar a volverse sobria como todos y ella es por naturaleza una mujer mágica, llena de vida, de sueños y de ideas locas que no caben en el mundo exterior.

Alicia aceptó la propuesta y le pidió posada al conejo en su casa, mientras él encuentra una coneja y ella un lugar donde se sienta cómoda.

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