Tengo tres años de estar queriendo empezar un negocio propio: como consultora me ha ido bien y es a lo que quiero apostarle... ideas creativas, diseños, venta de arte en ropa, accesorios y demás, me interesa, pero creo que no termino de entender el negocio, aun cuando me llama mucho la atención... sueños de infancia: tener mi propio hostal o mi propio restaurante... mmmm... no me da la cabeza de cómo empezar a organizarme. Sé que puedo hacerlo todo si quiero, pero no sé por qué mi cerebro crea, pero no actúa hoy en día.
Esta mañana me levanté pensando en "cambiar de rubro" para ver si eso me da un refresh mental y si me es más fácil hallarme en otro rubro laboral. "Experiencia de 2 a 5 años"... dice el anuncio en el periódico, y gracias a dios, eso ya lo sobrepasé, tengo 12 años de experiencia. "Entre los 23 y 32 años"... el siguiente requisito ya no lo cumplo. O sea que ¿ya estoy fuera del mercado laboral? A mis escasos 35 años, asumiendo que viviré 75 saludables años (ruego a dios por más), estoy a la mitad de mi proyección de vida y ya no es tan fácil buscar trabajo.
Además, tengo la desventaja de ser mujer, liberal, exitosa, lo que me pone en una gama de mujeres que ganamos ya mucho más que la mujer promedio a este edad y en estos cargos y que, por supuesto, queremos ganar obviamente el doble y ¡zas! ¡oh sorpresa! Ya topé porque para ganar más debo: sacar mi maestría, ser bilingüe y ser hombre. Con mi tiempo, la plata y mi fuerza de voluntad (por mi cansancio), la primera la sueño, pero no la logro, la segunda no me gusta, pero debo y en la tercera no estoy interesada.
Entonces, ¿qué me queda? ¿Sentarme a detenerme la quijada mientras me quejo de lo que quiero y no puedo? ¿Estudiar mis posibilidades reales y tirarme a la aventura de mi propio negocio, para ser mi propia jefa, mi propia administradora, mi propia empleada? ¿Dar un pequeño paso atrás en las pretensiones salariales y mejor cambiar de rubro? Quizás ya quemé todo lo que puedo dar como comunicadora.
No sé las respuestas. Ahora solo son preguntas retóricas, pero cada vez con más urgencia de saber qué decir a continuación.
No sé si sentirme fuerte, dichosa y hambrienta de más, de ver esto como un reto y apuntar más alto. O sentarme a llorar, meterme bajo las sábanas y aceptar que envejecí. A mis 35 años, estoy fuera del mercado laboral y mis oportunidades se reducen.
Ya sé que todas escogeríamos la primera... solo que animicamente, el cuerpo llama a sentirse como la segunda.
Estaré maquinando y veremos qué pasa. A ver si el enigma se resuelve.

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