Un trauma tras otro



Cuarentena años y tras una cerveza todo regresa. Regresa la primera vez que me despreciaron, el primer novio que quiso a otra antes que a mí, la que consideraba mi amiga, pero nunca lo fue, el que nunca me hizo caso, el no haber sido nunca popular. Regresan los traumas, las traiciones, los vacíos y soledades, los quiero y no puedo, los sueño, pero no tengo. Así, durante 40 años, sufriendo por insignificancias que no tienen sentido.

Sentirme fea siempre, porque no era alta, ni tenía bonito cuerpo, porque mis ojos, mi nariz, mi boca, mis pies, porque nada de mí me gustaba. Mi hija está justo en esa edad, en la que siempre dice que es fea, que no se gusta a sí misma y yo le recuerdo lo hermosa que es. A mí nadie me lo decía y si me lo decían, quizás no eran las personas que esperaba, porque no me acuerdo.

Después, que nunca le gusté a los niños u hombres que me gustaban a mí. Nunca. Siempre, siempre, les gustó mi amiga o la niña con quien no me llevaba bien, pero yo no. Cosas que marcaron de por vida. A parte del trauma eterno que Walt Disney nos causó a varias generaciones queriendo ser una princesa que nunca le gustará a ningún príncipe, porque es príncipe no existe.

Una cerveza, 40 años y todos los traumas vuelven. 

El primer novio, los primeros besos, las primeras cosquillas en el cuerpo, el mal llamado "primer amor", que solo duró un mes y se volvió el trauma de años y años. Si alguien me hubiera dicho que mi primer amor sería mi hija y, mi segundo gran amor, mi hijo. Todo lo demás, no significó nada a la par de lo que siento por ellos. Mi madre y mi esposo van peleando turno en la lista, pero ellos son lo único que importa al final del día.

La amiga a la que nunca perdoné, porque se terminaba "metiendo" con todos los niños que me gustaban. Eso terminaba de acentuar mi trauma de ser fea y poco deseada. Nadie me dijo que era una niña-mujer hermosa, inteligente y segura de mi misma que podría lograr todo lo que me propusiera. Todo. Nadie me lo dijo. Quizás hubiera podido ganar más confianza en mí.

Una cerveza, 40 años y los traumas siguen contando. 

Como que mi hermana se casara con uno que fue mi novio. Esa fue la cereza del pastel. El trauma mayor para saber que no soy nadie, ni deseable para nadie. 

O que mi mejor amigo, siempre estuviera enamorado de mí y eso terminara alejándolo. Tenía solo 10 y 30 años después estamos todavía averiguando por qué costó tanto la amistad. Entonces, crecí creyendo que la amistad no existe. A pesar de que he tenido personas maravillosas a mi lado.

Y cada uno de esos traumas, se repite una y otra vez, todo lo que viví antes de mis 15 años. Sigue estando ahí. Nadie te dice que la vida te dará miles de oportunidades para volverte a enamorar, para tener amistades, para conocer personas, para descubrir que eres hermosa. Nadie te dice nada de esas cosas. 

40 años y una cerveza, en mi apartamento, con mis hijos dormidos, mis mascotas roncando, mi esposo soñando, mis deudas esperando, mi vida perfecta, me recuerdan que ya nada de eso importa, que ya pasó, "duerme mi niña, duérmase ya, que para que los sueños se cumplan hay que soñarlos durmiendo... ya, ya, ya pasó".

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