La última antes de que amanezca

Son las cuatro y cincuenta y ocho, antes meridiano. Tengo sueño mucho sueño, pero estoy con mucho entusiasmo escribiendo.
Es real que cuando escribo tengo a una persona bien específica en la mente y me dirijo a ella. Pero cuando vuelvo a leer pienso en varias que me gustaría que también leyeran esta entrada que solo era para una persona.

Ahora te escribo a vos que te fuiste a vivir a otro país porque huías, te casaste, no encontrabas trabajo aquí, andas estudiando... Parece mentiras que haya pasado tanto tiempo. Esa navidad la Vicky vino, por situaciones familiares tristes, pero eso la hizo venir unos días; la Jacqui, entre las vacaciones por las fiestas y retomar una relación amorosa que empezaba cuando tuvo que irse, estará dos semanas; Alejandro, después de cinco años, regresó a penas 15 días; la Vane que sí se queda a vivir en el pulgarcito. Todavía me falta la Leidy, David, Manuel, Lorena, a quienes no he visto desde hace muuuucho, y mi hermano, quien estará aquí en un par de días más.
Todas estas visitas me han dado mucha alegría y mucho en qué meditar.


Por qué, me pregunto yo, buscamos otro lugar donde anidar. No sé si es envidia sana o sencillamente cólera irracional la que me da cuando mis amigos a amigas deciden irse. Siempre fui yo la que dije que no quería quedarme a vivir en este paisito, pero cada vez que lo pienso me doy cuenta que este es mi lugar y que no me imagino en otro sitio sino es por placer.


Hace unos seis años o más, no lo recuerdo bien, me enamoré de un extranjero a quien me fui a visitarlo en uno de mis cumpleaños. Según yo, iba a sorprenderlo, pues habíamos pasado una semana diciéndonos lo mucho que nos extrañábamos y queríamos estar juntos, además quería aclarar nuestras decisiones a cerca de la distancia en la que vivíamos. La sorprendida fui yo cuando no resulté ser tan bienvenida como me esperaba.


"¿Cómo haremos?, ¿hacía dónde va esta relación?" fueron mis preguntas concretas. "Así como estamos, estamos bien" fue su respuesta. Doce horas de viaje llorando de regreso a mi país. No fui una agradable compañía en el bus. El extraño que iba a la par mía, me miró y se mantuvo callado en todo el camino. Tuve la lucidez de tomar la mejor decisión y terminar esa relación que no iba hacía ningún lado, según me enteré hasta ese día, después de un año invertido en ella. Di gracias a Dios de tener un lugar a donde regresar y de traerme mi corazón conmigo, tuve la iluminación divina de no dejarlo por allá.
Eso me permitió regresar a enamorarme de un extrajero que vivía aquí y no tenía intenciones de irse. Un extranjero que vive aquí porque sus papás lo trajeron de niño y fue decisión propia quedarse a luchar y construir futuro con este pueblo. Así sí vale la pena irse a vivir a otro país. Pero irse huyendo porque un amor me decepcionó; porque no me encuentro en mi charco; porque allá -sea donde sea- no me importa lavar inodoros, pero tengo plata para comprarme un televisor pantalla plana; porque voy a ir a probar suerte, creo que no lo comparto.

El amor nos mueve y cuando es algo serio en el que el amor es correspondido entonces apremia el amor. Otras muchas ciscunstancias son loables, pero irse huyendo de "mí mismo" no lo es, aun cuando la fachada sea ir a estudiar, trabajar o visitar familia, si te vas huyendo, lo reprocho.

Todos los que se han ido huyendo me han llamado diciéndome lo solos y solas que se sienten, muchos no lo aceptan, pero se siente en su mirada y su voz... Los que se han ido por amor, se siente que nos extrañan, pero la felicidad que hincha su corazón pesa más, así que irse no ha sido en vano.

Pero... En fin, solo quería desahogar el sentimiento de tristeza que me da saber que un amigo o amiga se va del país porque su corazón se le ha salido del cause.

Como me dijo una amiga sobre otra amiga que se iba: "prefiero mantenerme lejos de ella, así cuando se vaya del país ya no la extrañaré, total ella ni está pensando en mí para tomar esa decisión".

Comentarios