Hoy aprendí algo de mí misma


Diez de la noche y estaba enviando correos de trabajo, actualizando los sitios web que manejo, hablando sobre mi reunión de mañana con mi jefe por skype. Junto a eso me comía un plato de alitas picantes, tomaba una cerveza y hablaba con mis amigos de siempre. Llegué a las once de la noche en ese ritmo. Me desperté a las cinco de la mañana, descansada y con ánimos de salir a correr. 

Llegué al mostrador y le pregunté al encargado: "¿es peligroso si salgo a correr aquí?", "no, tranquila, aquí es bien sano", me contestó con una gran sonrisa.

Salí caminando con mi ropa de correr y vi el pueblito donde tengo dos días de estar y no había salido a la esquina porque ando sola y no conozco a nadie. Mi instinto de supervivencia me dice que debo protegerme. Salí caminando decidida hasta la iglesia que está en la cuadra siguiente y pensé, daré dos vueltas caminando aquí y luego dos vueltas corriendo al parque y después corro por la cuadra del hotel donde me quedo. 

Cuando llegué a la cuadra de la iglesia, pasó un señor corriendo y me dijo "buenos días", luego pasó un joven con audífonos puesto que ni levantó la vista, luego una pareja de chicas que me sonrieron como dando la bienvenida. Cuando llegué a la cuadra del parque los señores que estaban en las bancas (hombres y mujeres) me saludaban. Finalmente, la vuelta por la cuadra del hotel fue más solitaria. Me sentí fresca y viva. Conocí la esencia de Estelí y su gente a las 5:00 de la mañana, mientras corría.

Lo que aprendí de mi misma es que entre más relajada me siento, más quiero vibrar, vivir, disfrutar, no me molesta trabajar hasta tarde, me sentí sencillamente feliz. Entre más estresada estoy, más me canso, más quiero estar echada en la cama y no hablar con nadie. 

Odio estar sola. He comido más de la cuenta por la ansiedad que me da estar sola. Pero he tenido la oportunidad de disfrutar de mi trabajo y descansar un poco de la rutina. He aprendido de mí misma que aunque extrañe a mi pequeña Maya y a mi Gran Julio, tengo la capacidad de trabajar fuerte por ellos y recargar baterías (aun con lo cansado del viaje) para estar bien para ellos y para mí.

Este día voy a campo, a visitar comunidades con las que trabajamos y eso me entusiasma mucho. Así que me arreglo para otro día provechoso. Nos vemos mañana en casa, mis amores.

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