Unas manos que recorren el lienzo para saber qué pintar en él. Manos que con ojos cerrados quieren descubrir qué paisaje, qué frutales, qué personas están escondidas dentro de esa manta blanca, tersa y dispuesta a ser pintada.
Unas manos llena de callos y llenas de pintura que revisan los poros de la tela. Ponen una capa gruesa, mientras masajea, de pintura blanca para sellar la superficie que pintará. Luego espera que el lienzo esté listo y seco, dispuesto. Escoge la pintura azul, su color favorito, luego mezcla con el naranja, el rojo, el morado y traza las primeras líneas, sin forma alguna, pero que poco a poco van perfilando una mujer, de espaldas, sentada en un sillón, temerosa, angustiada, pero feliz.
Las manos terminan de pintar y notan que la mujer toma vida, que es más mujer que pintura, se asusta y decide huir, dejarla ahí encerrada en un baúl, porque teme que esa mujer se apodere de él. La mujer queda encerrada en el baúl, dentro del cuadro, disfrutando de su encierro.
La mujer abre los ojos y ve que al otro lado del cuadro hay más colores, más luces, más pinturas y no le importa esa puerta cerrada porque ve hacia el otro lado y aun hay mucho por descubrir. Se va descubriendo el mundo nuevo que le falta por pintar.
Unas manos llena de callos y llenas de pintura que revisan los poros de la tela. Ponen una capa gruesa, mientras masajea, de pintura blanca para sellar la superficie que pintará. Luego espera que el lienzo esté listo y seco, dispuesto. Escoge la pintura azul, su color favorito, luego mezcla con el naranja, el rojo, el morado y traza las primeras líneas, sin forma alguna, pero que poco a poco van perfilando una mujer, de espaldas, sentada en un sillón, temerosa, angustiada, pero feliz.
Las manos terminan de pintar y notan que la mujer toma vida, que es más mujer que pintura, se asusta y decide huir, dejarla ahí encerrada en un baúl, porque teme que esa mujer se apodere de él. La mujer queda encerrada en el baúl, dentro del cuadro, disfrutando de su encierro.
La mujer abre los ojos y ve que al otro lado del cuadro hay más colores, más luces, más pinturas y no le importa esa puerta cerrada porque ve hacia el otro lado y aun hay mucho por descubrir. Se va descubriendo el mundo nuevo que le falta por pintar.
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