El juicio final

Y llamó Dios a una reunión urgente a los unicornios, hadas, duendes, dragones, sirenas y demás seres míticos que ayudan al cosmos a mantener el equilibrio entre la realidad y la fantasía; llamó a la primavera, invierno, verano y otoño; envió un memorándum al sol, la lluna, al viento, la lluvia y al mar. Por supuesto, el demonio y la muerte también estaban invitados. Todos los que dan equilibrio y balance al mundo estaban ahí, se miraban los unos a los otros, estaban confundidos, no sabían qué pasaba. Desde la creación de la tierra a la fecha no había habido otra convocatoria y según las voces humanas esto solo ocurriría en el juicio final.

Las hadas, unicornios y demás, estaban un poco contrariados porque estaban en medio de un proyecto nuevo. Estaban redecorando los arcoiris, las auroras y los atardeceres naranjas, pues debían volverse más llamativos para captar la atención de la ocupada y teconologizada humanidad. Las estaciones, con esto del cambio climático, estaban confundidas, pues ya habían empezado a readecuarse, a cambiar sus fechas de inicio y fin. Los cuerpos celestes y sus influencias estaban en rotación, cambiando las energías que enviaban a la tierra, estaban todos en incertidumbre, apesadumbrados y consternados.

Dios se sentó en su silla, teniendo a su diestra a todos y a su siniestra a la muerte y el demonio. Los miro y les dijo: "Ya no sé qué hacer. Estoy totalmente aturdido con el rumbo del mundo, preocupado con los niveles de producción, con la elevada tasa de mortalidad por enfermedades y pobreza. Siento que he depositado demasiada responsabilidad en los seres humanos dejándolos a su libre albedrío. A ustedes los veo afanados trabajando, adecuándose a todo, pero ellos están ahí usándome de pretexto para todo y yo estoy aburrido de esto".

Todos se volvieron a ver y bajaron los brazos, patas, tentáculos, lo que les correspondiera alzar, pero todos pusieron cara de desaprobación. La muerte dio un paso al frente y le dijo: "Tengo un plan". Se acercó a él, todos se retiraron, pues dar un paso cerca de Dios significaba que ella quería una conversación privada. Pasaron días y ellos seguían hablando. En la tierra todo era un caos, pues todos los seres que mantienen la vida estable estaban esperando la última palabra.

Después de mucho tiempo, en días humanos parecieron años, para ellos solo fueron unos pocos segundos, la muerte salió, alzó su segadora y la dejó caer. Todos sabían la decisión. El día del juicio final había llegado.
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Taller Rayuela. En revisión...

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