Escribo esta entrada con la certeza de que muchos de mis amigos, amigas y familia reaccionarán negativamente, pero después de un par de artículos que leí y me inspiraron, creo que es urgente y necesario decir muchas cosas que no queremos decir, ya sea por la falsa doble moral o por el miedo al que dirán.
Empezaré por decir lo que la Real Academia Española define como "guardar el decoro": 1. loc. verb. Comportarse con arreglo a la propia condición social.
Mi propia condición social dice que soy una madre, casada, mayor de 30 años y profesional. ¿Cómo debe comportarse una mujer de mi edad y con mi condición social? Vaya usted a saber, porque parece que por mis tatuajes, minifaldas o ropa muy escotada, bromas, estilo de vida, carcajada limpia y estruendosa no soy la mujer que muchos y muchas esperan que sea.
Quienes me conocen y me quieren saben que siempre hablo abiertamente del sexo, sin tapujos y prejuicios, que tengo amistades con diferentes preferencias sexuales, diferentes estilos de vida, credo, religión, raza, país y estatus social, que creo en la divinidad de la vida y la naturaleza, pero no en las religiones. No sé en qué posición social me pone todo esto, pero he notado muchas veces ojos retadores, intimidantes o reprochadores ante mi forma de pensar.
Pues, dejénme decirles que gracias a esa apertura fui la primera persona a la que uno de mis mejores amigos me dijo: soy gay. Gracias a eso una gran amiga me dijo: engaño a mi marido con otro. Otra amiga me dijo: no soy virgen, pero él cree que sí. Otro me dijo: los días de pago voy al prostíbulo. Varios me han dicho: soy ateo. Otra me dijo: quiero hacerme monja. Alguien más me dijo: ya no lo amo, no soporto estar cerca de él. Y una amiga, cuando a penas teníamos 10 años me dijo: mi tío me toca y no sé qué hacer.
Ahora, en retrospectiva, casada con un hombre 23 años mayor que yo, con una hija adorable de 5 años y con una vida profesional satisfactoria, solo me pregunto ¿por qué la etiqueta de puta te hace una mujer mala, ofensiva para la sociedad, pero con muchos clientes?. ¿Por qué el maldito tío de mi amiga podía tocarla y ella era la que se sentía sucia? ¿Por qué mi amigo tenía que tener novias, cuándo eso no lo satisfacía? ¿Por qué mi amiga tenía que mentir sobre su virginidad?
Hoy lo sé, los miles de años de patriarcado, de cultura de la violación, de moral permisiva con los hombres y no con las mujeres y de la muy bien vista doble moral, todas y todos debemos vivir encajonados en paradigmas que no nos satisfacen, que nos hacen medianamente felices y que nos obligan a acusar y juzgar a otros que hacen abiertamente lo que muchos hacen a "escondidas".
Así que quiero responder a mi pregunta: soy indecorosa a toda honra. Feliz de disfrutar mi cuerpo, mi mente, mi vida. Porque no me anduve y espero no andarme con tapujos por la vida, ahora tengo una familia feliz, satisfacción profesional y personal, sobre todo amigos y amigas que aunque sigan respondiendo a lo que la sociedad espera de ellos, se abren a mí con la libertad y tranquilidad que da ser transparente ante lo que uno quiere de la vida.
Soy indecorosa feliz que lucha constantemente porque haya más personas capaces de amarse a sí mismas como son, por la equidad de género, por la libertad sexual, porque la justicia social exista.
Así que sí, soy indecorosa, le guste a usted o no.
Empezaré por decir lo que la Real Academia Española define como "guardar el decoro": 1. loc. verb. Comportarse con arreglo a la propia condición social.
Mi propia condición social dice que soy una madre, casada, mayor de 30 años y profesional. ¿Cómo debe comportarse una mujer de mi edad y con mi condición social? Vaya usted a saber, porque parece que por mis tatuajes, minifaldas o ropa muy escotada, bromas, estilo de vida, carcajada limpia y estruendosa no soy la mujer que muchos y muchas esperan que sea.
Quienes me conocen y me quieren saben que siempre hablo abiertamente del sexo, sin tapujos y prejuicios, que tengo amistades con diferentes preferencias sexuales, diferentes estilos de vida, credo, religión, raza, país y estatus social, que creo en la divinidad de la vida y la naturaleza, pero no en las religiones. No sé en qué posición social me pone todo esto, pero he notado muchas veces ojos retadores, intimidantes o reprochadores ante mi forma de pensar.
Pues, dejénme decirles que gracias a esa apertura fui la primera persona a la que uno de mis mejores amigos me dijo: soy gay. Gracias a eso una gran amiga me dijo: engaño a mi marido con otro. Otra amiga me dijo: no soy virgen, pero él cree que sí. Otro me dijo: los días de pago voy al prostíbulo. Varios me han dicho: soy ateo. Otra me dijo: quiero hacerme monja. Alguien más me dijo: ya no lo amo, no soporto estar cerca de él. Y una amiga, cuando a penas teníamos 10 años me dijo: mi tío me toca y no sé qué hacer.
Ahora, en retrospectiva, casada con un hombre 23 años mayor que yo, con una hija adorable de 5 años y con una vida profesional satisfactoria, solo me pregunto ¿por qué la etiqueta de puta te hace una mujer mala, ofensiva para la sociedad, pero con muchos clientes?. ¿Por qué el maldito tío de mi amiga podía tocarla y ella era la que se sentía sucia? ¿Por qué mi amigo tenía que tener novias, cuándo eso no lo satisfacía? ¿Por qué mi amiga tenía que mentir sobre su virginidad?
Hoy lo sé, los miles de años de patriarcado, de cultura de la violación, de moral permisiva con los hombres y no con las mujeres y de la muy bien vista doble moral, todas y todos debemos vivir encajonados en paradigmas que no nos satisfacen, que nos hacen medianamente felices y que nos obligan a acusar y juzgar a otros que hacen abiertamente lo que muchos hacen a "escondidas".
Así que quiero responder a mi pregunta: soy indecorosa a toda honra. Feliz de disfrutar mi cuerpo, mi mente, mi vida. Porque no me anduve y espero no andarme con tapujos por la vida, ahora tengo una familia feliz, satisfacción profesional y personal, sobre todo amigos y amigas que aunque sigan respondiendo a lo que la sociedad espera de ellos, se abren a mí con la libertad y tranquilidad que da ser transparente ante lo que uno quiere de la vida.
Soy indecorosa feliz que lucha constantemente porque haya más personas capaces de amarse a sí mismas como son, por la equidad de género, por la libertad sexual, porque la justicia social exista.
Así que sí, soy indecorosa, le guste a usted o no.
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