Conversaciones madre e hija (entrega 14)
- Hija no está bien que te pelees con tus compañeros. Tampoco que te levantes la falda. Ni las niñas se levantan las faldas, ni los niños se bajan el pantalón. Ni los niños golpean, ni las niñas golpean.
- Ya sé, mamá. Pero es que me enoja que en el colegio siempre nos dicen que las niñas somos más delicadas que los niños y eso no es así. Yo quiero demostrarles que las niñas somos tan rudas como los niños.
- Mi amor, te felicito por tu forma de pensar, porque tú sabes que todos somos iguales, pero no puedes ser ruda con los niños y ellos tampoco deben ser rudos contigo.
- Sí, mamá, pero no me gusta que me vean débil, porque no lo soy.
¿Cómo la regaño ante eso? Es obvio que el discurso está quedando claro y está teniendo las herramientas para defenderse, pero lo difícil no es educar a mi hija, sino explicarle que en el mundo y la sociedad seguirá escuchando esos pensamientos retrogradas, de los cuales solo escuhamos una parte, pero no la otra:
- "Las niñas se sientan con las piernas cerradas"... Porque sino están invitando a cualquiera a tocarlas o violarlas.
- "Las niñas no son rudas... Los hombres sí pueden serlo"... Así siempre se justificará que un hombre te pegue y tú te dejes, porque ellos son así.
- "Una niña no responde, ni pelea, siempre debe ser obediente"... Porque así sos sumisa y fácil de manipular por cualquiera.
- "Una niña no hace desorden, ni grita"... Los hombres sí, las mujeres estamos para levantar el desorden de ellos.
Basta ya. Una niña es igual de ruda que un niño en la primera infancia, eduquémolos a ambos para que no lo sean. Una niña es igual de atrevida y desordenada que un niño, enseñémosles a a ambos para que no se lastimen y que arreglen sus propios desórdenes. Dejemoslos usar el juguete que quieran y los colores que les gusten, ya no les digamos más que el rosa es de niñas y que las armas son para los niños. Ya no más.
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