Mi hija siempre anda dejando las cosas tiradas, por lo que me toca que andar detrás de ella pidiéndole que las vaya dejar a su lugar. Normalmente, se lo digo muy enojada, pero trato de a veces ser creativa y no regañarla. Por ejemplo, una vez le puse un letrero a sus calcetines que decía: “necesitamos llegar hasta la ropa sucia, ayúdanos. Firman, tus calcetines”. A ella, eso le causó mucha gracia y puso los calcetines en su lugar. Otra vez, le puse un letrero en el espejo que decía: “mamá siempre trata de que estemos ordenados, por favor de ponernos en nuestro lugar, firman, el cepillo y la pasta”.
Pues ayer, le dije: “Maya, y ¿estas pinturas por qué no han llegado hasta tu cuarto?” Y ella me contestó: “porque el bus no ha pasado, dicen que se atrasó, pero ya va a llegar... ¡ya está llegando!, ¡vamos, pinturas! (mientras hacía el sonido onomatopéyico de un camión retrocediendo: piiii, piiii, piiii).
Luego, ahora en la mañana, le digo: “que esos calcetines caminen hasta su cuarto”. Y ella les dice (dirigiéndose a los calcetines): “vamos, calcetines, caminen, allá los espero, en mi cuarto”.
No pude más que pegarme una gran carcajada y pedirle que llevara los calcetines hasta la ropa sucia.
Así amanecimos en domingo (080718).

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