Día 9
El ánimo por los suelos. Pasamos un mes entero planificando una salida en familia (en teoría sería la única salida de vacaciones), pero debido a mi racha de las siete plagas y a que mi hijo de un año, tres meses, también cayó con gripe, tuvimos que cancelar la salida. Así que hoy me quedé de niñera.
Juguetes tirados por toda la casa, sin bañarnos, camas desordenadas, comida rápida para alimentarnos. Increíble como hay días que no logro dormir más que dos horas y estos días han sido de un sueño pesadumbroso, que si fuera posible durmiera, durante el día, al menos cuatro horas seguidas sin problemas.
No suele visitarme mucho, pero la pereza me tiene en un abrazo arrullador. Tengo trabajo que hacer, montón que leer por mi diplomado, hijos que cuidar, oficio que hacer y he pasado echada, entre cuidar al niño (porque eso no puedo aplazarlo para después), ver películas a pausas, dormir (una siesta de dos horas, empiernada con mi bebé). Nada más. No tengo capacidad de pensar, ni sentir, ni querer, ni planificar, ni nada.
“Tu mente está sensible a consecuencia del máximo nivel de hormonas”, dice Eve, mi aplicación de calendario menstrual. Me pregunto si los siete días que duró mi sangre, yo le hubiera hecho caso a mi cuerpo de dormir, descansar, estar en mi cueva y no haber salido hasta sentirme preparada, si estuviera con mejor ánimo y humor en estos días. No puedo explicarles lo desanimada que me siento con la vida. ¿Cómo se hace para agarrar fuerzas?
Tengo expectativa por saber qué pasará conmigo mañana.
#HayDíasQueSoloUnaSeQuiere

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