Diario de una bruja (8ª entrega)


Día 5

Sangre abundante, en medio del campo, toalla sanitaria desechable, mucho sudor (y no era de menos, si estaba al nivel del mar, en Barra Ciega, Sonsonate, en medio del cacaotal). Sentía que la sangre salía y no podía ir corriendo al baño, porque lo único era el baño de fosa que se ve en la foto que, aunque era muy limpio, no me hacía sentir muy cómoda, solo quería ir lo necesario. Así que vi la toalla, como hace mucho no la veía, llena de sangre.

Andaba con tres hombres, un compañero de la oficina, con quien convivo constantemente, un camarógrafo, con quien ya había trabajado una vez en el pasado y un fotógrafo que no conocía y, cuando cada uno hablaba sobre su madrugada (porque salimos a las 06:00 a.m.), yo dije que mi hijo no me dejó dormir mucho, que andaba con gripe y que andaba con “la regla”. Hubo silencio y al mismo tiempo un poco de empatía. Me gustó decirlo en voz alta, porque en medida me siento cómoda con mi sangre, quienes están a mi alrededor también empiezan a aceptarla como parte de la normalidad. 

Algo importante que he aprendido en este proceso es a desmitificar lo que ocurre en el período que la sangre baja, por ejemplo: sí se puede comer de todo, no huele feo si se usa copa o toalla de tela, sí se puede tener sexo así (es más, siempre hay uno o dos días que personalmente tengo la libido muy alta a pesar de sangrar), no todas las mujeres tenemos síntomas negativos, hay algunas que no sienten nada de nada, hay mujeres a las que les dura uno o dos días y hay otras a las que nos dura cinco o siete días. Cuando supe todo eso, abracé con más amor a mi cuerpo y a mi sangre.

No sé si será por las pastillas, pero este sangramiento ha sido atípico, pues no me ha dolido el vientre. Casi creo que es por tanta pastilla. Hoy sufrí de dolor de cabeza, pero creo que fue más culpa del calor, el sol y falta de agua que de otra cosa. Mucho sueño y nada de dormir porque anduve en campo. Día que debería estar en mi cueva aun.

#HayDíasQueSoloUnaSeQuiere

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